La poderosa Bruselas.



El silencio del despegue del avión y dolor de cabeza durante las dos horas, parecen en vano. El mareo y el hambre me hacen añorar mi hogar y preguntarme por qué estoy aquí y no en ninguna otra parte, en cualquier otra de las tantas bellas ciudades que hay por el mundo.
El aburrimiento del viaje en coche me saca de quicio y suspiro pensando en que tan solo será un fin de semana en aquel país.
Caminando por las calles repletas, cargadas de idiomas que cuesta comprender, respirando el olor dulce y pesado de los waffles, pisando una ciudad desconocida, sin expectativas, vacía de valor y ganas.
Imagen relacionadaEntre tanto, una calle gira a la derecha y, al final de esta, la gente de empieza a dispersar. Sin curiosidad, llego hasta allí.
Dios mío.
El corazón da un vuelco y por los ojos entra toda la belleza que la  Gran-place puede soportar. La cabeza se va y a los pulmones llega tanto aire que parece que van a explotar. Nunca abriría los ojos lo suficiente como para observarla y las palabras nunca serían capaces de describirla.
Plaza cargada de historia, cargada de vida, de cuentos y tantas aventuras. Plaza del oro, de "Los Miserables", de gremios y Carlos V.
El alma comienza a danzar, emocionada, las manos quieren alcanza todo aquel arte y la mirada no quiere desplegarse de ella. Se convierte en una obsesión, un lugar del que no puedes despegarte, del que sabes que es allí donde tienes que estar y permanecer, como si algo de aquel lugar hubiera conectado contigo, en lo más hondo de tu ser, de una forma especial, como si estuviera condenada a pisar aquel suelo que pisaba, a observar su poder y a mis queridas estrellar brillar en el firmamento sobre tal espectáculo. 
Nunca es suficiente y nunca lo será, nunca serán suficientes las horas que pasé allí, las tantas veces que observé su poder, sus edificios alzarse al cielo, tratando de alcanzarlo y las miles y miles de historias que podía escuchar. Nunca serán suficientes, ahora que mi alma conectó con ella y no podrá dejar de amar la ciudad que nunca quiso pisar.

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